Unos se van y otros vuelven
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Ayer fue el último día de mi abuela en nuestra casa en San Sebastián ya que se tenía que volver a Madrid. Le vinieron a recoger mi tío Alberto con sus hijos desde Bakio. Ha sido un mes bastante intenso ya que, como escribí en el post de días atrás titulado Una cosa lleva a la otra, hay que estar bastante pendiente de mi abuela, porque tiene casi 89 años, que ya es una edad bastante considerable. Pero lo bien que ha estado aquí, mejor que en Madrid, con el calor que tienen allí. Y la suerte de estar con mi tío y mis primos, más algunos de mis hermanos con sus respectivos hijos, tomando el aperitivo debajo de casa, antes de salir de viaje. 

Mi padre y yo, después de estar un rato, nos fuimos a la estación de tren de Pamplona a recoger a mi hermano Borja, que había llegado de Nueva York al aeropuerto de Madrid y de allí en taxi a la estación de Atocha para coger el tren a Pamplona, porque se tarda menos que ir directamente a Donosti, aunque el tren llegó con algo de retraso. Mi padre y yo, mientras, nos acercamos a la ribera del río Arga, y nos sentamos en un banco a la sombra del parque fluvial a hacer tiempo. Cuando fuimos a buscarle, el tren debía ir a tope, porque veíamos que salía gente y gente, y a él no le veíamos, hasta que por fin salió. Como ya era tarde, paramos a comer en la Venta de Muguiro, que, por cierto, estaba todo buenísimo, toda la comida era casera. De camino a Donosti decidimos pasar primero por nuestra casa para saludar a mi madre y nos quedamos pasando la tarde. Borja aprovechó para descansar, ya que con el jet lag no había podido dormir más de un par de horas por trayecto. Más tarde le acercamos a casa. 

Y hasta aquí el post de hoy.

Las opiniones en los comentarios del post. Y gracias por leerme.

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