Septiembre en Bakio

 

 

Estamos en Bakio celebrando el cumple de mi madre. Cómo no, en el caserío. Han venido casi todos mis hermanos

a pasar el fin de semana.  En la cena del día anterior al cumple lo pasamos genial. Yo, cómo no, altavoz en mano, poniendo la música. Al final de la sobremesa puse El Consorcio y ahí estaban mis hermanos mayores cantándolo todo. Se sabían todas las canciones del disco “Lo que nunca muere”, de tanto ponerlo mi padre en el coche, cuando éramos pequeños, para preparar las canciones para un concierto que iba a grabarles. Ya sabéis que mi padre era realizador de TV y tenía que aprenderse los temas para hacer una buena grabación.

El domingo, que ya era la celebración oficial del cumpleaños, vinieron mis tíos Alex y Teresa. Lo pasamos pipa. Cómo no, mi tío Alex se puso a cocinar lo que acababa de pescar esa misma mañana, con mis hermanos Miguel y Juan. Comimos unas ensaladas riquísimas que hizo mi madre, y de segundo plato, la currada que se pegó mi madre al limpiar chipirones para todos, y prepararlos en su tinta.

Por la tarde, volví con mi hermano Miguel a San Sebastián, porque, como ya os dije en el post anterior, me iba a matricular en la EPA y allí que me fui. El lunes por la mañana me matriculé y luego de vuelta en bus a Bilbao. Allí me esperaba mi padre, en la nueva estación Bilbao intermodal, para ponernos rumbo a Bakio. El mismo día dimos un buen paseo por la playa y celebramos mi matriculación, cómo no, en un bar  de Bakio que me gusta mucho que se llama La Parra. Es un bar de pizzas y nachos buenísimos, y el dueño, que es encantador, es de Bakio y vive en Australia. Yo tomé una hamburguesa vegana que estaba riquísima.

Esta mañana hemos ido a Armintza, que es un barrio de Lemoiz. Nos hemos bañado en el mismo puerto, mi madre y yo. Yo venga a mirar desde el espigón hacia las rocas de la otra orilla pensando si sería capaz de llegar hasta allí nadando y al final lo he conseguido. Luego me he tomado, cómo no, una tónica con limón exprimido, que me gusta mucho y una buena tortilla de patata en el bar Kai Berri que está en el mismo puerto. Por la tarde hemos ido a dar un paseo con recompensa por el interior de Bakio, porque como decía mi tío Fernando hay que ponerse objetivos. El nuestro era llegar hasta Joshe Mari, que es un bar restaurante que tiene también hotel. Nos hemos tomado una tortilla, una tónica y pa casa.

La verdad es que han sido unos días estupendos, lo bien que lo hemos pasado, sobre todo disfrutar cuando estás con gente y también de esos momentos de desconexión que te ofrece el caserío. Digo esto porque el caserío está en una zona apartada del núcleo urbano del pueblo y estás todo el día en contacto permanente con la naturaleza.

Ahora mismo estoy escribiendo desde Bakio, inspirándome en el porche del caserío, mientras mis tíos están con mis padres hablando y tomando unos tentempiés, con la ayuda de la música del disco December de George Winston, que me lo recomendó Bea Celaya una prima de mi madre a la que tengo mucho aprecio.

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