Ayer hizo un día fabuloso y con esta primavera tan bonita que está haciendo nos fuimos

a la ermita de San Isidro de Erdoizta un sitio muy chulo en el cual he hecho esta foto para que veais cómo es. Por fuera es redonda y lisa, y está en lo más profundo del corazón de Gipuzkoa. Al ir se veían unos hayedos preciosos, íbamos por unas pistas que parecían caminos de cabras con el coche de mi hermano, un seat Ibiza, con lo que yo iba con bastante miedo por el coche porque cuando nos tocaba subir lo pasaba fatal.

También recuerdo una época que nos dio por ir en los viajes de Pamplona a Donosti diciendo mira allí que luz, mira al otro lado esos tonos, esa sensibilidad que tenemos de foteros pero que al final me callaba porque me daba vergüenza.

También me viene a la mente una vez bajando por Peñas de Aia que a mi padre se le ocurrió ir por un camino por el que pasaban las vagonetas del antiguo tren minero y la cosa estaba muy empinada y además cubierta de zarzas y matorrales. Bueno al final pegamos el culo al suelo y bajamos como si fuera un tobogán.

O como aquel día que dijimos vamos a buscar setas por una zona de Bakio que sabe mi tío Alex. Pues eso, decidimos subir hasta arriba y dar la vuelta por otro lado y nos metimos entre unos helechos más altos que nosotros y venga vamos que seguro que salimos. Y yo diciendome por dentro “para qué habré dicho nada”. Bueno total que salimos, se lo contamos a mi tío Alex y se partía la caja, como suele decir mi madre. Y aprovecho para mandarle desde aquí un saludo a mi tío Alex. Hasta la próxima.

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