El sábado día de reflexión nos fuimos mi padre y yo a hacer fotos

buscando un puente de AVE por la zona de Hernani que al final no encontramos el que yo decía, con lo cual fuimos a otro que sabíamos. La luz estaba espectacular cuando cruzamos el río Urumea por el puente peatonal. Se veían unos reflejos superchulos con los colores de los árboles, de las hojas verdes, eso sí el olor no era muy agradable ya que estábamos al lado de una fábrica de papel. Para el que no haya estado al lado de una os aconsejo que no es muy agradable y si podéis evitarlo mejor. A cuenta de ver puentes cuando yo empecé a hacer fotos tenía debilidad por los puentes de cemento de autopista o de lo que sea. No los de dentro de una ciudad sino los de cemento puro y duro de carreteras y grandes vías. Me encantaba jugar a componerlos, que si esto lo pongo a la izquierda, que si esto otro es mejor por aquí…

Me acuerdo una vez que estábamos de vacaciones en Galicia y mi madre, estando conmigo, compró un juego de la oca para mi tío Miguel que le había gustado para sus hijos e hijas, y a mí se me escapó decirle el precio, cosa que no hay que decir.

O aquella vez que estuvieron mi abuela y su hermana en casa a comer y le dijeron a mi madre “que bueno está este gazpacho que has hecho Mónica” y yo con mi impulsividad salté y dije el nombre de la marca que había comprado.

Otra vez en verano fuimos con mi abuela a Santiago de Compostela y no entramos a la catedral, pero que ni se me ocurriera decirles a mis tíos que no habíamos entrado; sobre todo a Borja y Miguel porque se suponía que le hubieran vuelto a llevar a mi abuela para ver la catedral y esa vez no dije nada ya que fueron mi abuela y mi madre las que lo reconocieron.