Recuerdos imborrables

No es viernes y aunque ayer también escribí en mi diario hoy quiero escribir sobre mi infancia. Con mi familia la parte positiva es que somos 5 hermanos y que siempre hemos estado unidos como una piña. Cuando hemos tenido problemas nos hemos defendido unos a otros. Por ejemplo en el colegio. A mí mi hermano Juan, que es un año mayor que yo, siempre me ha defendido en el colegio, y yo en alguna ocasión, a mi hermano Borja, que es el pequeño, también lo hice. 

Recuerdo que en verano solíamos ir con mis hermanos y sus amigos a la playa de La Concha y eran unos planes muy divertidos, y cuando no han estado en casa mis padres, como buenos hermanos que son, siempre se han ocupado de nosotros. 

Recuerdo que también solíamos ir al monte con amigos, y con bocatas para comer. Son esos planes que añoras y por diferentes circunstancias no se vuelven a hacer, al menos en familia. La verdad es que lo pasábamos en grande en aquellos tiempos. 

También está la época dorada de Galicia, como la llamo yo, cuando venían todos mis hermanos y mi tío Alex tenía un amigo que traía una zodiac hasta Caión, y parecía que todos los días de agosto había pesca. Normalmente eran 4 en la zodiac, mis tíos Borja o Pepe iban casi siempre de boteros y Alex y su amigo Mario a pescar. Hacían pesca submarina y luego con lo que habían cogido íbamos de excursión a las playas salvajes a hacer barbacoas. Para eso

contábamos con el chef Pepe Baratech, y a mi madre le encantaba hacer diferentes tipos de ensaladas. En una ocasión que íbamos a la playa, le oí decir a mi padre, al ver a sus hijos felices, que le hubiera gustado grabar aquello en video porque era lo mejor. 

En el pueblo de Caión había más bares de los que hay ahora, cada uno tenía sus especialidades. Uno era El Plaza que nos sacaba fuentes y fuentes de patatas fritas. Otro era el Finisterre, que le gustaba mucho a mi abuela, y cada vez que celebrábamos la misa por el cumpleaños de mi abuelo terminábamos ahí también. Luego está el Asteria, que sigue igual, que es donde comíamos la famosa tortilla de patata y veíamos unas puestas de sol espectaculares. 

Y claro, también estaban los amigos. Yo tenía amigos a los que les gustaba mucho la pesca y había uno, que sigue estando por el pueblo, que era, y sigue siendo, un crack pescando de todo. Parecía que tenía imanes para los peces porque todo lo que se movía le picaba y lo pescaba. 

Casi todos los años solíamos ir con mis padres a Santiago de Compostela. Recuerdo una que fuimos con mi abuela y ella no quería que contase que no había entrado en la catedral porque si se enteraba alguno de mis tíos le volvían a llevar. Y hasta aquí este extenso texto de hoy.

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