Pescados con pecado
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Esta vez no va a haber una entrevista, va a ser como siempre, contar algo sobre mi vida. 

Mi padre nos ha enviado un vídeo, al grupo de whatsapp que tenemos desde que fuimos a esquiar en 2015, de unas anguilas nadando sobre la carretera en la zona de Jaizubia, en Irún, y eso me recuerda que estando en Caión, en Galicia, donde solía veranear en el mes de agosto, una vez  en la playa había unos peces aguja, o así los llamaban, creo recordar, que con la fuerza de mar estaban varados en la orilla medio muriéndose, y la gente los cogia con sus cubos para llevarlos a casa para comer. Y eso me recuerda cuando pescaba con mis amigos de Caión, o que me dio por la pesca, vamos, porque lo que se dice pescar pescaban ellos, yo ponía mi material de pesca. 

Entre los del pueblo había uno, muchos de los que leeis mi diario sabréis antes de mencionarlo de quién hablo, sí de ese, de Adrián, que parecía que tenía imanes en la caña. Allí donde lo vieses pescando siempre estaba cogiendo peces. Eso me recuerda a uno que salía en el programa de Telecinco La isla de los supervivientes, no me acuerdo en qué edición pero siempre aparecía él, un señor que se llamaba Nilo, creo recordar, con un aparejo y siempre pescaba algo, como mi amigo Adrián. 

Qué buenos tiempos aquellos de Caión. Aparte de pescar íbamos mucho a  A Coruña, capital, a ver exposiciones o de compras, y acabábamos cenando en un bar, que se llama Puerta del Sol, su famosa milanesa, porque mi tío Borja conocía los sitios de pe a pa. Además de ir a A Coruña, como siempre, también íbamos a Santiago de Compostela a ver la catedral, o porque mi madre tenía una pulsera que le gustaba porque ponía su nombre con banderas de barcos y aprovechábamos para que se la colocaran bien, ya que alguna bandera se despegaba de la pulsera.  

Nos gustaba también, sobre todo a mi padre y a mí, ir por los pueblos a hacer fotos y al final de tanto copiarnos haciendo las mismas fotos dijimos que cada uno fuera por su lado, ya que cada cual tenía que ver las cosas a su manera. La última vez que yo recuerde fue estando en Marín, en las Rías Baixas, que yo iba tan pegado a mi padre mientras dábamos una vuelta por el pueblo que él, medio mosqueado, me dijo que por qué no nos separábamos, que no tenía que estar siempre pegado a él a la hora de hacer fotos, que tenía que ser algo más independiente. Así que me despegué y volví al hotel, pero no porque estuviera enfadado sino por mis inseguridades, al estar en un sitio que no controlaba.

Y hasta aquí el post de hoy.

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