Hoy me decanto por esta imagen, todos los días veo la planta y me parece preciosa. Me recuerda a una vez que de niños íbamos con unos amigos y yo me comí una planta y luego estuve vomitando todo el rato. Era cuando íbamos al monte en plan familia con amigos del cole, cuando no había internet y móviles, cosa que ahora nos tienen absorbidos. La cuestión es que estoy escuchando el disco de Miles Davis “Kind of blue”, porque necesito música para inspirarme. Mientras escribo esta entrada, aparte de lo de comerme una planta, recuerdo la primera vez que fui en verano al valle de Aran y ver a mi madre venga a coger unas plantas muy atractivas y al final menos mal que nos dimos cuenta de que eran venenosas. Estuve investigando en un libro que tenían mis tíos, en su casa de Gausac, y lo descubrí por la foto de la planta. Desde aquí les mando mil gracias por todo, a mi tía Iciar, y a mi tío Fernando, porque siempre que tienen libre la casa nos la dejan. Es un placer estar en el valle de Aran en verano.
A todo esto, la mentira que les metí este verano a mis hermanos en el grupo de whatsapp de que en una excursión a Arties había ligado con una japonesa de descendencia alemana, fue la bomba. Se lo tragaron todos. Ja ja. El caso es que tenía una cámara de fotos analógica, el mismo modelo, casi exacto a la de mi abuelo, y como había terminado un carrete Fuji C200, de marca japonesa, y la cámara que tenía era alemana, pensé: «voy a decir que me he liado con una japonesa descendiente de alemanes». Fui un poco tonto porque, aunque se lo habían tragado todos, tenía que haberlo dejado correr hasta, por lo menos, el día siguiente, y sin embargo dije rápidamente que era broma. Y bueno hasta aquí mi anécdota de hoy.