La llamada esperanzadora

Cuando parecía que la vida se me había acabado, tal y como os escribí hace unos meses me había apuntado a la EPA (enseñanza para adultos), resulta que me han llamado para decirme que he pasado de curso, a pesar de las ausencias que tuve durante el curso anterior en medio de toda esta pandemia. Estaba con personas mayores que yo y me dijeron que tendría que pasar de curso. Yo lo de la EPA lo daba por perdido. Eso sí, en su día mandé un mail diciendo que lo dejaba porque no me iba a poder examinar y no lo terminaba de ver claro. Bueno, pues hoy me han llamado, y la que me ha llamado es la profesora que tuve en el curso pasado, para decirme que me pasan de curso y que tengo que ir a otro centro con gente de mi edad. 

Eso me ha alegrado el día, después de tantos días de ausencias y de tanto Covid. Además, como os he escrito más de una vez, mi trabajo es de fotógrafo en un grupo hostelero y tal como está el tema por la Covid no acabo de ver la luz porque está resultando muy dura la remontada. Siempre he querido estudiar porque siempre he querido hacer algo con mi vida, y ver hasta dónde soy capaz de llegar.

Ahora recuerdo a algunas de mis profesoras particulares y en especial a una de ellas porque tenía que coger el Topo, el tren que te lleva hasta Hendaya y que tarda casi como 1hora, y en coche puedes tardar como 20 minutos. En esa época yo no estaba muy fino, ya que me costaba concentrarme y entender las cosas. Ahora cada vez me veo mejor y con más soltura. También recuerdo ir en verano a diferentes profesoras particulares, de estudiar en el caserío mientras algunos estaban de vacaciones, por llamarlo de alguna manera, y de levantarme temprano para estudiar y tener que esperar al resto que se fueran levantando en el caserío, en Bakio. O cuando estábamos en Galicia, en Caión, que me dio por hacer sumas, restas, multiplicaciones y divisiones, y escribir en un cuaderno para mejorar la letra. También me vienen a la mente la cantidad de cuadernillos Rubio que hice. Siempre iba a la librería de debajo de casa y como era de confianza le pedía todos los cuadernos Rubio que me faltaban. Como en los viejos tiempos.

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