La cruda realidad
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Hoy es martes y ha venido mi hermano Borja a comer a casa, ya que ahora su novia está de viaje, y algunos días trabaja cerca de casa y tiene jornada intensiva. 

Anoche devoré la cocina porque, como no podía dormir y me quería meter en la cama de mi madre, mi padre me gritó y yo, a modo de venganza, me fui a la cocina aprovechando que él se había ido a la cama. 

Por la tarde he estado de bajonazo pensando que tenía que volver a ingresar porque no estoy saliendo nada de casa. Sí, diréis, malditos miedos, pues sí. 

He tenido un bajonazo por estar tanto tiempo metido entre cuatro paredes sin salir de casa, a eso hay que añadir la Covid. Súmale que quiero hacer cosas, pero de boquita para adentro, ya que siempre que voy a la calle voy con miedo, y empiezo a sentir que me va pasar algo grave; como que la gente me va a señalar y voy a ser el centro de atención, que se van a descojonar de mí como si fuese un mono de feria, como me trataban en Ortzadar. 

Para los que no sepáis el tdah existe y de pequeño no controlaba mucho mis impulsos. Me utilizaban para romper cristales y así los demás se reían de mí como si fuera un bufón llamado Marcos Ocio Ferrández. Era el blanco perfecto para hacerles reír cuando estaban con sus amigos malotes. Por culpa de esas cosas me fastidia el no poder vivir sin miedo a estar en la calle y por eso dependo mucho de la gente. Eso sigo creyendo.

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