improvisando como una big band de jazz

Hoy voy a improvisar como en aquel concierto de Keith Jarrett en la ópera de Colonia, en Alemania, famoso por ser uno de los primeros íntegramente improvisado. Más conocido como The Köln Concert. Esa misma grabación en CD que le regalé a mi padre por transmitirme la afición a la música, sobre todo de jazz. Es un concierto que a Keith le salió de 10.
Bueno a mi madre también le regalé con mi primer trabajo unos altavoces por el día de la madre, porque como sé que es muy cantarina y le encanta la música, se los regalé para su ordenador. A mí, aparte de la música de jazz, me gusta la clásica, Café del Mar y un poco de todo. La clásica la descubrí cuando nos la ponían en el colegio para relajarnos. Recuerdo que nos la ponían en Villa Belén, el primer colegio en que estuve, que ahora se llama Summa por la fusión de tres colegios marianistas.
Aparte de eso, la música clásica la he conocido gracias a Ana, una de las amigas de mi madre; y como no, a mis grandes tíos Fernando e Iciar, que no puden faltar. La verdad es que son de los mejores tíos que tengo. Recuerdo ir a Baqueira con ellos y encontrarnos con un perro, que se llamaba Txirri, que nos persiguió todo el camino nevado desde Mongarri hasta el parking de Beret y más allá, incluso cuando montamos en el coche de vuelta de nuestra travesía nos siguió hasta casi empezar a bajar el puerto. Recuerdo que la primera vez que me dejaron un coche, cómo no, fue mi tío Fernando, y la última vez que cojo uno, dije. No por nada, sino porque les tengo bastante respeto a los coches.
En la despedida de mi hermano Juan fuimos a un circuito de karts más allá de Bayona. Yo iba haciendo trompos y su mujer Myri, como decía mi cuñada Teresa, iba como una gacela. Bueno luego en la segunda ronda Juan se lució porque empezó a adelantar a todo pichichi, y mis hermanos cagados porque no se atrevían ni siquiera a adelantarse entre ellos.
Y ahora me toca la despedida de mi hermano Miguel que fue otro de mis sueños hecho realidad. Bueno dos, ir a un aquapark y luego que mi hermano Juan me dijo, a ver dónde prefería montarme en los hinchables al tirarnos, si delante o detrás, y yo le dije que detrás para no ver. Pero bueno, también eché en falta lo de no poder usar gafas, porque aunque no veía ni torta no sentía toda la emoción del vértigo.

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