Festival de otoño
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Ayer hicimos una excursión que hacía años que no hacíamos y que llevaba tiempo queriendo hacer. Y a la tercera va la vencida. Por fin habíamos cogido en toda su plenitud el sitio a donde queríamos ir, la gran Selva de Irati, conocida por su extensión de hayedos y su gran festival de otoño. 

Desde la salida de Donosti íbamos por todo el trazado de la autovía que va a Pamplona viendo que todo estaba precioso. Por el camino iba frotándome las manos porque por fin podíamos coger Irati en pleno otoño. Una vez pasado el peaje de Pamplona el trayecto se me hizo un poco largo, ya que por esa carretera no suelo ir casi nunca. Pasado el collado de Abodi, donde suele haber ganado suelto pastando, y ya de bajada al parking de las casas de Irati, el paisaje estaba precioso. Aparte de las hayas todo el arbolado que las acompaña estaba impresionante de bonito, tanto que le decía a mi padre que no había visto un otoño tan intenso en mi vida. Así que iba frotándome las manos. Además, como hacía sol, se veía los brillos de las hojas en los árboles con esas luces que tanto nos gustan a mi padre y a mí. 

Una vez ya en el parking había que pagar 6€ pero nosotros pagamos la mitad, ya que antes de Otxagabia echamos gasolina al coche y nos dieron un vale de descuento. Fue una buena idea de mi padre, ya que era la última gasolinera antes de llegar a Irati. 

Una vez aparcados, cogimos los trípodes, las cámaras de fotos y la comida (y las botas de agua) y empezamos a andar por el sendero local que desciende paralelo al río Irati hasta el pantano. El recorrido balizado nos permitió hacer una circular, al desviarse de la pista general penetrando en el bosque, y desde allí empezamos a hacer fotos. Llegamos a un punto por el que suele bajar el agua y paramos a tomar un tentempié. De allí seguimos por un camino, entre hayas y salpicado de abetos, que siempre ascendía ligeramente. Luego bajamos hasta el camino que llaman el sendero local, y continuamos por la pista junto al río, de vuelta hasta el punto de partida. Vimos una entrada que bajaba al río con una mesa de picnic al fondo y, como era hora de comer, nos instalamos allí. Primero nos preparamos un bocata de jamón ibérico buenísimo, y como llevaba las botas de agua aproveché para meterme en el río. No pude hacer mucho ya que cubría más de lo que pensaba, pero conseguí hacer unas fotos preciosas del sol dando en las hojas de los árboles. La foto que he puesto aquí es un ejemplo de ello. 

Una vez que hubimos comido retomamos la vuelta por el sendero hasta que volvimos a parar junto al río para hacer las últimas fotos porque íbamos oyendo el runrún de un pequeño salto de agua. Así que había que investigar, y allí nos fuimos. Hicimos las fotos, llegamos al parking y de vuelta a Donosti. Todo el camino de vuelta por el valle de Salazar fue un total disfrute para la vista.

Y hasta aquí mi visita otoñal a la Selva de Irati.

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