El efecto chicle

El sábado se me olvidó escribir en mi diario, pero no creáis que me he olvidado de él. Me gusta escribir en mi diario para que la gente me conozca más como persona. Como decía un antiguo psicólogo mío Marcos Ocio Ferrández es único y esta es una manera también de sacar mis cosas para entenderme a mí mismo contando estas historias, ya que soy como el dicho: no me callo ni debajo del agua. 

Recuerdo una ocasión en la piscina del polideportivo, cuando solía ir, que es verdad que hablaba hasta debajo del agua y no me callaba ni nadando, o sea, soy peor que un loro, Ahora gracias a la madurez sé guardar secretos, incluso mejor que mis hermanos, ya que algunos han patinado, y yo, si me dicen que es secreto, me lo callo y punto pelota. Como es debido, si no, no sería un secreto. 

Bueno, y a todo esto, que estoy escribiendo y no sé qué contar aparte de lo que ya he contado, que tengo una familia grandiosa, estupenda, y a gente que está ahí para lo bueno y para lo malo. Como decía mi profesora de la epa, el dinero no da la felicidad. Lo mejor es tener salud, y tiene toda la razón. Aunque que lo diga yo no tiene mucho sentido porque yo he sido mucho de ahorrar. De hecho, de pequeño, me hice mi propia hucha de madera pero siempre estaba volcándola, buscando la manera de sacar el dinero. Mi madre me llamaba el tío Gilito, como el de los dibujos animados, porque siempre estaba contando lo que metía. Hasta que maduras. Bueno, en mi caso no mucho, porque, a veces, sí pienso en comprar aquello o lo otro, pero me doy cuenta de que eso no da la felicidad, de que es una manera de rellenar, como digo yo, el momento placebo, porque al tercer dia ya quieres comprarte otra cosa, y porque disfruto poco de lo que tengo. 

Un ejemplo, me acabo de comprar un DAC, que es un conversor de señal digital a analógica que lo enchufas por un lado al ordenador y por el otro al amplificador del equipo de música para darle más calidad a la ahora de reproducir. Bueno, pues ya me estoy agobiando de escuchar tanta música porque no encuentro eso de la felicidad. Es como si me diesen un chicle, lo saboreas y enseguida deja de hacer efecto. Después de chuparlo varias veces, lo tiras. Pues lo mismo pero sin tirarlo. 

Bueno, después de este texto un tanto largo me despido. A ver si el sábado, sin falta, cumplo lo de escribir.

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