Desencuentro en Bertiz
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Ayer sábado fuimos al Señorío de Bertiz en Navarra a hacer fotos y a ver como funcionaba el gps Garmin que le regalaron a mi padre hace años y que casi no lo ha usado. Anduvimos por la pista de Plazazelai y como fuimos tarde nos pusimos a tomar un tentempié justo donde arrancaba la pista, que es la que va más pegada al río Ayansoro que atraviesa todo el parque. Allí estuvimos haciendo fotos. Nos pareció de lo más bonito que hemos visto hasta hora de Bertiz. Yo como siempre llevaba las botas de agua en la mochila y en cuanto vi que me podía meter, allí que me cambié y me metí por el río. Luego seguimos andando otra vez por la pista, que estaba preciosa con su arbolado frondoso, y mi padre y yo aprovechamos para hacer fotos del camino. 

Un poco más adelante, mientras hacía una foto del río, me despisté de mi padre y me fui monte arriba. Como no venía le esperé en un banco que había en una curva. Yo pensaba que había que hacer el camino entero, y unos ciclistas que iban con su perro y habían hablado primero con mi padre, que estaba mosqueado porque no me veía, me dijeron que él estaba abajo. Yo creía que iba a subir y que íbamos a dar la vuelta completa. Como noté que tardaba me puse otra vez a subir porque pensaba que si seguía al gps por una pista amarilla estaría más cerca de la pista de Aizkolegi para de allí bajar al coche. 

Subí a lo alto del monte hasta que el móvil empezó a sonar y me llegaron los sms de que mi padre había intentado contactar conmigo. Entonces decidí llamar a mi padre para decirle donde estaba y él me dijo, bastante mosqueado por la situación, que volviese inmediatamente, y que bajase por donde había subido. Me puse a bajar y después de media hora me lo encontré, un poco más arriba de donde nos habíamos separado dos horas antes. Él había bajado al parking y había vuelto a subir. Lo primero que me dijo fue que le perdonara por haberse puesto tan enfadado al teléfono. Ya le noté que lo había pasado muy mal. 

Me dió el bocadillo que no había podido comer, me senté, bebí un poco de agua y bajamos al coche. No sé cuántos kilómetros había hecho, pero más de 15 seguro, porque mi padre anduvo algo más que yo y el móvil le marcaba 19. Una vez llegamos al parking, donde se encontraba el coche, volvimos a casa. Final feliz.

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