Aventuras en el salto del Nervión

Hoy hemos estado por la ruta que va al salto del Nervión y hemos hecho de todo mi padre y yo. Desde Donosti hemos ido a Delika y de allí nos hemos puesto las botas y rumbo al cañón. La verdad que aquello parecía la Gran Vía; había mucha gente con niños y gente bastante mayor de unos 70 y pico años. 

Primero hay que ir por una pista cerrada con una valla para que no se escape el ganado. De ahí llegas a un mirador sobre el río y una impresionante cascada. Luego antes de llegar a un puente del siglo XVIII tienes dos opciones y aunque es un poco confuso nosotros seguimos las indicaciones azules. Hemos intentado llegar a la base del salto pero como el agua llevaba bastante caudal nos hemos decidido a tomar el camino de vuelta buscando la manera de cruzar el río por una zona más fácil y así poder hacer fotos a nuestra bola ya que el entorno es  bastante fotogénico. 

En el primer cruce del río mi padre ha pasado sin problema. Y como yo soy bastante torpe lo he intentado. Al primer intento no he podido y he vuelto para atrás. He hecho un segundo intento y ahí sí que he logrado cruzar, cosa que me ha impresionado a mi mismo ya que, como he dicho antes, soy bastante torpe. Cerca de donde hemos cruzado hemos hecho una parada técnica para comer y reponer fuerzas. 

De vuelta al camino había que cruzar otro río (arroyo) sobre piedras, pero mi padre, al ver gente, y como no le gusta inspeccionar ni nada, ha descubierto una cascada junto a unos árboles vestidos con sus galas otoñales y allí que nos hemos metido. Hemos hecho fotos con el trípode montado sobre el mismo lecho del agua y luego lo hemos cruzado atravesándolo por el propio cauce. Luego hemos seguido andando por la pista hasta una subida bastante pronunciada y ahí hemos decidido ir por el sendero más próximo al río, ya que se veía como camino pisado, hasta llegar a un punto en el que hemos tenido que volver a cruzar el río. 

Mi padre ha cruzado metiéndose con las botas en el agua. Yo he preferido quitarme las botas y los calcetines y remangarme los pantalones, y he cruzado descalzo. Después hemos tenido que subir por unas campas, que yo le decía a mi padre que seguro que conectaban con el camino de ida, así que nos hemos puesto a subir hasta ver una cerca con espinos a lo lejos. 

Para pasarla ha habido que improvisar. Mi padre ha visto una estaca de madera en el suelo que ha resultado ser una buena idea para cruzarla y así hemos conseguido pasar la alambrada. Ha habido que levantar la pierna casi en ángulo recto, ya que era muy alta, y así hemos  conectado con el camino de ida, que nos ha llevado hasta el coche.

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