Aquellos maravillosos años

 A punto de que empiecen las navidades me viene a la mente, con esto de las reuniones familiares y de que solo se pueden juntar pocas personas, lo que siempre recuerdan que hay que cuidar y lo que es más importante, la familia. Recuerdo que hasta en los momentos más duros la familia ha estado siempre ahí. 

Recuerdo especialmente cuando ingresé en Barcelona para que me hicieran un estudio a fondo, para ver lo que tenía, que vino mi gran tío Miguel desde Madrid a verme. Eso sí que es un regalazo de los buenos, cuando estás en tus peores momentos que la familia esté ahí acompañándote. Después de aquel mes que pasé en Barcelona cuando llegamos al aeropuerto de Bilbao yo flipé pensado: qué ha pasado aquí. Vinieron mis hermanos, tíos y tías, y primos a verme a mí al aeropuerto. Era como en la película navideña de Notting Hill con Hugh Grant y Julia Roberta que todo el mundo acaba en el aeropuerto encontrándose con sus seres queridos, pues esto fue real en mi caso, pero a lo bestia. Casi toda la familia al completo por las dos partes, tanto materna como paterna. 

Esos tiempos de Bakio de pequeño, cómo los añoro, me traen nostalgia. Sobre todo cuando teníamos una casa con piscina y una huerta, bueno, la alquilaban mis tíos, para que nos vamos a engañar. Eso sí que era un planazo. Si querías estar con la familia de mi madre, estabas, si querías pasar al otro bando, pasabas a la familia de mi padre, eso era porque las dos familias veraneaban en Bakio y como es un pueblo muy pequeño, hicieras lo que hicieras, daba para todo. 

A mí me impresionó un verano ver a mi tía llamando a sus hijos desde la terraza por su apellido cuando se tenían que ir a casa, porque es un pueblucho quiero decir. 

Ahora que me viene a la mente, recuerdo una vez que la familia de mi madre hacía una fiesta de San Cristóbal en la ermita del caserío, y una de mis tías empezó a dar besos mientras todo el mundo estaba leyendo el periódico, y yo, para no dar besos, cogí unas hojas a todo correr e hice como que estaba leyendo, así que los tíos de mi madre se tronchaban de risa.

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